martes, septiembre 04, 2007

Tardes de fútbol

Vuelve el fútbol... ¿O es que acaso, alguna vez realmente se fue? Pretemporadas, trofeos veraniegos de segunda línea... Sea como sea, el fin de la época estival devuelve a toda persona a su rutina particular y marca el inicio de la ya conocida como Liga de las Estrellas.

Pero dejando de lado el aspecto deportivo, el fútbol es mucho más. Una forma de vida, una pasión... pero sobre todo, y lo más importante, una manera de acelerar los aburridos domingos. Un fin de semana sin la pelotita es un fin de semana incompleto; vacío.

Si el clima y ambiente que se vive en el estadio es difícil de describir, todo aquello que rodea a las retransmisiones desde la barra de un bar no se queda, ni mucho menos, atrás. Quizás peculiar sea la palabra que mejor lo defina. Sobre todo si la media de edad se sitúa en los 60 años. Y si el índice de alcohol en sangre supera el 0'5 g/l, pues todavía más. En alguna ocasión oí que los bares son los lugares donde habitan los seres más increíbles e insospechados. Razón no faltaba al que lo dijo...

Desde el primer minuto comienza un espéctaculo paralelo al propio partido. La atención se divide a partes iguales entre el televisor y los clientes. Las camareras, cuyo trabajo se mezcla con ciertas habilidades sociales y psicológicas, despachan alcohol mientras el interior del bar se va nutriendo de una serie de variados y pintorescos personajes. El humo del tabaco se mezcla con todo tipo de comentarios y actitudes surrealistas, gritos, vociferaciones. De vez en cuando incluso hay fútbol. De hecho a veces pienso que el fútbol sólo es una excusa para poder asistir a todo este entramado. Qué más da... con tal de compartir conversación, risas y alguna cerveza entre colegas.

Vuelve la locura, las polémicas y la cortina de humo frente a las cuestiones realmente importantes... vuelve la Liga. Vuelven las tardes de fútbol.

miércoles, agosto 29, 2007

Hipocresía nacional

La noticia de la semana es, sin duda, la trágica muerte del jugador sevillista Antonio Puerta. Todo un drama para la familia, novia y futuro hijo. Poco más hay que contar sobre este hecho, pues ya está todo dicho y los medios se han echo eco del suceso durante los últimos días.

Más allá de si existió negligencia médica o no, recordar que el jugador después de recuperarse del primer desvanecimiento comenta "Otra vez estos putos mareos"; deberíamos cuestionar el tratamiento que se da a unas personas y a otras. Este trato varía en función de muchos factores (status social, trabajo...) y hace que el trecho sea acojonantemente inmenso. Tal es el caso que bastaría con cambiar fútbol por otro deporte como ciclismo o atletismo, para comprobar el acecho de la sombra del dopaje.

Siguiendo con lo mismo, que levante la mano el que sepa el número de muertos en el último atentado de Irak o el porcentaje de siniestralidad laboral de este verano o los ahogados en aquel kayuko o el número de accidentes en la operación salida. De hecho posiblemente el 99% vayamos a una velocidad superior a los límites o nos ríamos de las declaraciones de Aznar en las que se burlaba afirmando que nadie le podía a poder prohibir tomar un vino antes de coger el volante. Si hacemos caso a los números se podrá comprobar que las cifras de los casos anteriores son infinitamente mayores a las sucedidas por el ya conocido como "muerte súbita" (61 muertos en los últimos 7 años).

Por tanto, no seamos tan hipócritas. Yo por lo menos, no lo seré. La pena y el impacto de la muerte de Puerta ha sido grande, pero no iré más allá: ni le conocía para poder decir que era una gran persona, ni tampoco ha cambiado el aburrido transcurso de mi vida. Lo único importante es desear mucho ánimo para el entorno y familia del jugador.

martes, junio 19, 2007

Pasión de multitudes

No es que uno sea muy devoto, pero soy de los que opina que hay mucha razón en eso de definir el fútbol como una religión. Y es que, más allá de ser sólo un deporte, el fútbol se convirtió hace tiempo en lo que algún político declaró como "interés general de Estado".


El pasado domingo en San Mamés se vivió una de esos partidos calificados como "grandes finales". Tarde de verano, tarde de sufrimiento y angustia, tarde de transistores, tarde de nervios, tarde de desfibriladores, tarde de 109 años de historia; en definitiva, una tarde de fútbol. Consecuencias de ser aficionado del Athletic; más aún habiendo sido la temporada un auténtico vía crucis (siguiendo con "términos divinos").

El pitido final resultó un bálsamo y alivio para las 40.000 gargantas que asistieron al campo y demás aficionados. Permanencia conseguida. Es hora de respirar tras un año nefasto y agónico; ahora tocan 2 meses de relax hasta el comienzo de una nueva Liga. ¿Quién dijo que el deporte era bueno para la salud?

En el horizonte, unas elecciones el 12 de julio que se presentan como vibrantes y determinantes en el futuro del club. Veremos si hay cambios o se mantiene ese continuismo y pasividad de los últimos tiempos.

Ya lo dice el genio Andrés Montes: "Fútbol, pasión de multitudes".

 
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