Hipocresía nacional
La noticia de la semana es, sin duda, la trágica muerte del jugador sevillista Antonio Puerta. Todo un drama para la familia, novia y futuro hijo. Poco más hay que contar sobre este hecho, pues ya está todo dicho y los medios se han echo eco del suceso durante los últimos días.
Más allá de si existió negligencia médica o no, recordar que el jugador después de recuperarse del primer desvanecimiento comenta "Otra vez estos putos mareos"; deberíamos cuestionar el tratamiento que se da a unas personas y a otras. Este trato varía en función de muchos factores (status social, trabajo...) y hace que el trecho sea acojonantemente inmenso. Tal es el caso que bastaría con cambiar fútbol por otro deporte como ciclismo o atletismo, para comprobar el acecho de la sombra del dopaje.
Siguiendo con lo mismo, que levante la mano el que sepa el número de muertos en el último atentado de Irak o el porcentaje de siniestralidad laboral de este verano o los ahogados en aquel kayuko o el número de accidentes en la operación salida. De hecho posiblemente el 99% vayamos a una velocidad superior a los límites o nos ríamos de las declaraciones de Aznar en las que se burlaba afirmando que nadie le podía a poder prohibir tomar un vino antes de coger el volante. Si hacemos caso a los números se podrá comprobar que las cifras de los casos anteriores son infinitamente mayores a las sucedidas por el ya conocido como "muerte súbita" (61 muertos en los últimos 7 años).
Por tanto, no seamos tan hipócritas. Yo por lo menos, no lo seré. La pena y el impacto de la muerte de Puerta ha sido grande, pero no iré más allá: ni le conocía para poder decir que era una gran persona, ni tampoco ha cambiado el aburrido transcurso de mi vida. Lo único importante es desear mucho ánimo para el entorno y familia del jugador.
Más allá de si existió negligencia médica o no, recordar que el jugador después de recuperarse del primer desvanecimiento comenta "Otra vez estos putos mareos"; deberíamos cuestionar el tratamiento que se da a unas personas y a otras. Este trato varía en función de muchos factores (status social, trabajo...) y hace que el trecho sea acojonantemente inmenso. Tal es el caso que bastaría con cambiar fútbol por otro deporte como ciclismo o atletismo, para comprobar el acecho de la sombra del dopaje.
Siguiendo con lo mismo, que levante la mano el que sepa el número de muertos en el último atentado de Irak o el porcentaje de siniestralidad laboral de este verano o los ahogados en aquel kayuko o el número de accidentes en la operación salida. De hecho posiblemente el 99% vayamos a una velocidad superior a los límites o nos ríamos de las declaraciones de Aznar en las que se burlaba afirmando que nadie le podía a poder prohibir tomar un vino antes de coger el volante. Si hacemos caso a los números se podrá comprobar que las cifras de los casos anteriores son infinitamente mayores a las sucedidas por el ya conocido como "muerte súbita" (61 muertos en los últimos 7 años).
Por tanto, no seamos tan hipócritas. Yo por lo menos, no lo seré. La pena y el impacto de la muerte de Puerta ha sido grande, pero no iré más allá: ni le conocía para poder decir que era una gran persona, ni tampoco ha cambiado el aburrido transcurso de mi vida. Lo único importante es desear mucho ánimo para el entorno y familia del jugador.